El jefe tóxico y cómo deshacerte de él cuanto antes

jefe tóxico

Seguro que en más de una ocasión has tratado de buscar razones por las que tu superior todavía se encuentra en su cargo aun cuando no reúne ni uno solo de los atributos necesarios para asumir tal responsabilidad. El jefe tóxico es una figura muy común y, aunque temida y totalmente repudiada, representa un plus para muchas empresas.

¿Por qué? Hoy descubriremos algunos de los motivos por los que éstos siguen manteniendo sus cargos a pesar de la mala opinión que generan entre sus subordinados.

Veremos cómo el jefe puede llegar a convertirse en tu peor pesadilla y, lo mejor de todo, aprenderás a evitarlos en la medida de lo posible. Descubrirás las razones por las que son mantenidos a pesar de su ineficacia en determinadas áreas y responsabilidades.

Qué significa ser un jefe tóxico

A menudo hablamos de ofertas de trabajo, de oportunidades, de contar con un buen currículum y una gran predisposición por asumir cualquier reto a fin de conseguir tus objetivos. Pero, ¿Qué hay de los que ya tienen un trabajo y sufren de las tropelías de una figura como esta?

El jefe tóxico es peor o igual que el compañero tóxico, hablamos de personas que no te conviene tener cerca durante mucho tiempo. Y mucho menos cuando se trata de una figura que posee autoridad y galones dentro de la empresa.

Ser tóxico no es una habilidad adquirida a corto plazo, por mucho que nos quieran hacer ver. La gente tóxica, incluidos tus superiores, son personas que comparten la afición por abusar de su autoridad a costa de los demás y que poseen una personalidad, cualidades y vida personal afines con esta actitud.

Un jefe tóxico es una figura realmente contaminante en cualquier ambiente de trabajo, ya que no solo pueden llegar a ser un limitante para las aspiraciones y carrera de cualquier empleado, sino que también suelen terminar por hacer que pierdas cualquier motivación al levantarte por las mañanas.

No podemos generalizar este perfil con un pequeño grupo de cualidades concretas, ya que cada uno es diferente. Sin embargo, muchos de ellos sí coinciden en determinadas facetas y acciones.

Cómo identificar a un jefe tóxico

Según estudios y referentes que se centran en analizar y diseccionar esta figura tan perjudicial para la empresa y el empleado, cuatro de cada diez jefes tienden a desarrollar actitudes completamente tóxicas.

¿Te gustaría saber qué es exactamente lo que hacen? A continuación haremos una pequeña introducción con algunos de los comportamientos más comunes entre ellos. Seguro que más de uno te resulta familiar.

Son autoritarios y menosprecian a los demás

Una de las principales características del jefe tóxico es el desprecio por los demás. Su posición de poder y responsabilidad en la empresa les hace pensar que pueden tratar de forma hostil al resto de trabajadores, llegando incluso al menosprecio y la carencia total de empatía.

Además, recurren siempre a las malas formas para lograr sus objetivos y no dudarán en hostigar a cualquiera que se interponga, pues su posición más elevada en la empresa es su argumento base para justificar cualquier acción, por mísera que sea.

Incapacidad para gestionar los problemas

Todos los que hemos sufrido a este tipo de personas nos damos cuenta de que los problemas laborales no son bien digeridos por su parte. La hostilidad e incapacidad por empatizar ante una adversidad hace muy difícil tratar con ellos.

Si en la plantilla existe un problema puntual, llegan malas noticias en cuanto a ventas, clientes o servicios, éstos reaccionan de forma agresiva y, en muchas ocasiones, empeoran la situación gracias a su falta de gestión e incompetencia.

Imponen su autoridad por medio de amenazas

Al no contar con la empatía, un jefe tóxico solo sabe imponer su voluntad de una forma: mediante amenazas y el abuso de poder. Si necesitan realizar indicaciones y comunicar a los empleados algo, lo harán de forma agresiva y sin dar opción a las sugerencias ni el debate.

Cualquiera que busque una explicación o trate de proporcionar su opinión será menospreciado y ninguneado hasta el punto de sentirse completamente inservible en su puesto de trabajo. Es una forma de amenazar y bloquear a cualquiera.

Son irresponsables y no dan ejemplo

Para una empresa, contar con lobos en sus cargos directivos es siempre un seguro de vida. Con líderes estrictos se aseguran de que la disciplina y el rendimiento estén garantizados entre los trabajadores. Sin embargo, un jefe tóxico no es precisamente el tipo de líder que creen tener contratado.

Llegan tarde a las mismas reuniones que han organizado, se confían en que los empleados hagan muchas de sus tareas y no dan ejemplo ninguno. Ni en comportamiento, actitudes ni rendimiento dentro de la empresa.

Aprovechan su posición para lograr tener el trabajo hecho, de ahí su inteligencia y habilidad por saber llegar a las reuniones con sus superiores y transmitir una falsa sensación de control frente a sus superiores.

Razones por las que el jefe tóxico no es despedido

Por mucho que pese, en la mayoría de situaciones donde sufrimos un jefe tóxico nos sorprendemos al comprobar cómo la empresa sigue confiando en ellos. A pesar del más que evidente desapego que generan en la plantilla y su bajo rendimiento a nivel individual.

La razón es sencilla, un jefe tóxico suele ser una persona que imparte su autoridad, aunque desproporcionada en muchos casos, sobre una plantilla que de cualquier otra forma podría hacer que su rendimiento se viera reducido. O al menos eso es lo que piensan muchos directivos.

Mi experiencia personal me demostró que esta teoría de contar con un auténtico jefe tóxico en la empresa a fin de conseguir mantener la disciplina y volumen de trabajo fue una soberana tontería.

Mientras en la dirección asumen que tienen un depredador de mano firme, éstos se aprovechan para llevar a cabo toda clase de abusos. En mi caso, llegar tarde, irse pronto, delegar todas sus funciones y abusar de los demás fue el resultado de contar con una figura tóxica.

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Las empresas creen que perderían dinero y gastarían más si tuvieran que desprenderse de esta clase de gente, sin embargo, lo que no son conscientes es del duro castigo y alto precio que están pagando por seguir manteniéndolos en nómina.

Sea como fuere, tú no puedes ni debes acercarte a ellos

Muchos creen que la mejor forma de lidiar con esta clase de jefes tóxicos es convirtiéndose en aliados suyos, y no van desencaminados. Pero hay un pequeño detalle que están pasando por alto:

No tratamos con superiores exigentes y competentes, estamos hablando de gente que es tóxica, personas que no van a empatizar ni rectificar su actitud ni aportar nada positivo en tu carrera.

Ser aliado de un jefe tóxico implica renunciar a días libres, asumir el doble de carga de trabajo, ya que harás sus funciones gratis, tragar en sus días malos y además, estar a su servicio sin que la empresa lo sepa, ya que el jefe tóxico también suele ser una persona sumamente inteligente.

Si aliarnos con ellos implica convertirnos en sus sirvientes y rebelarnos significa ser su diana, ¿Qué podemos hacer si tenemos la mala suerte de sufrirlo? Recurrir a la inteligencia y a lo que más nos conviene.

Es evidente que lo mejor que puedes hacer es no despertar su interés. Si no nos convertimos en su centro de atención lo más probable es que pasemos inadvertidos lo máximo posible. Sin embargo, no siempre es una opción a nuestro alcance.

Si tenemos que tratar con ellos y sufrir constantemente sus abusos de poder, hagamos de la inteligencia una herramienta con la que servirnos. Recurramos a los resultados y evidencias para hacer ver a la empresa el “tesoro” que tienen contratado.

  • Mantente alejado/a de ellos.
  • La unión hace la fuerza, hazlo con tus compañeros.
  • No hagáis las tareas extra y desproporcionadas que os exige, negativas en conjunto siempre. Nunca de forma individual.
  • Tratad de buscar el cambio de departamento. Para la empresa, detectar que nadie quiere trabajar con ellos es signo evidente de que algo falla.
  • Si podéis dejar en evidencia su nulo rendimiento de forma indirecta, mejor.

Y, aunque no es lo correcto, el jefe tóxico puede llegar a convertir tu trabajo en una auténtica pesadilla. Por lo que, carentes de respaldo y sin medios, tendrás que contemplar la opción de seguir prosperando en un nuevo empleo.

Hablamos de una figura realmente compleja y peculiar, aunque mucho más frecuente y presente de lo que imaginas. El jefe tóxico no es un superior del que tienes una mala impresión, sino aquél que con su actitud y acciones perjudica a todos sus subordinados.

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